Hitos Históricos

La Historia de la Toxicología comienza con el hombre, con su primitiva alimentación, al observar que ciertos frutos producen su muerte y la de los animales. De inmediato surge la primera aplicación: su empleo como arma de caza; de este uso procede el nombre de Toxicología (arco o flecha).

      En Egipto los sacerdotes eran los conocedores de los venenos y sus depositarios. Hoy nos constaque conocían la acción de la cicuta, del acónito y de los venenos animales.

   En Grecia el veneno se emplea como arma de ejecución es el estado el depositario de los venenos. Es bien conocida la muerte de Sócrates, descrita por Platón, con un relato magistral de la evolución del envenenamiento por la cicuta.

   En Roma el veneno es un arma en manos de los poderosos. Los emperadores y patricios tienen sus envenenadoresprofesionales; ha pasado a la historia el nombre de Locusta, quien envenenó a Claudio y a Británico. Tan abusivo uso se hizo del veneno, que hubo que dictarse la Ley de Lucio Cornelio (Lex Cornelia), castigando la muerte el envenenamiento. Dioscórides, médico de Nerón, publicó su tratado De Universa Medica, con el que se hizo una importante aportación al conocimiento, clasificación y tratamiento de los venenos. El veneno romano es, fundamentalmente, el arsénico, aunque se emplean también venenos vegetales como el acónito y el beleño.

   En la Italia del Renacimiento el envenenamiento adquirió caracteres monstruosos, entre el mito y la leyenda. No obstante, hay algunos datos significativos de lo que aconteció en aquella época. Así, se dice que con el acqua de Tofana (hecha a base de arsénico y cantáridas) se envenenó a mas de 600 personas, entre ellas los Papas Pío III y Clemente XIV. Otra composición similar, a base de arsénico era el acqua di Peruzzia.

   El envenenamiento se hace sutil y surge la necesidad del "catavenenos" en las cortes de los poderosos. Una flor, un guante o un perfume pueden ser los vehículos del veneno.  Se cita, incluso, el caso de Ladislao, rey de Nápoles que murió, según la leyenda, a consecuencia del veneno depositado en los genitales por su amante, que previamente se había inmunizado con dosis pequeñas. El veneno invade igualmente la literatura; es paradigma de ello el Hamlet de Shakespeare o, más recientemente, El hombre de la rosa de Umberto Eco.

   Los Médicis introdujeron estos hábitos en Francia, donde fue tristemente famosa Catalina, que había pasado a ser reina de Francia. Recibir una flor o cualquier regalo de ella era como una condena de muerte.

   Hasta aquí el veneno ha sido un arma en manos de los nobles. En el siglo XVIII ek veneno se democratiza y pasa a todas las clases sociales. Surge entonces la Toxicología moderna, con la necesidad de descubrir y aislar el veneno. El paso de la Toxicología a la condición de ciencia está unido a un español de origen, Mateo Buenaventura Orfila (1787-1853), nacido en Mahón, que estudio Química y Medicina en Valencia y Barcelona, y marchó a París, donde se graduó en Medicina, en 1811. En 1814 publicó su Tratado de Toxicología General. Por ello se le ha reconocido en todo el mundo como el "padre de la toxicología"

   En 1828 demostró por vía experimental la penetración de los venenos en las vísceras, en contra de la opinión hasta entonces dominante que limitaba su localización y acciones al tubo digestivo. A los 32 años fue catedrático de Medicina Legal en París, en cuya Facultad de Medicina llegó a ser Decano.

   Marsh, en 1836, descubre un procedimiento para investigar el arsénico. En el proceso de Madame Laffarge (1842) se plantea por primera vez la cuestión de que encontrar el veneno en el cadáver no es suficiente; hay que cuantificarlo. Orfila, perito de la acusación y del Ministerio Fiscal, había encontrado con el método de Marsh arsénico en las vísceras de las personas exhumadas, presuntas víctimas de intoxicación. Pero Raspail, perito de la defensa, encontró arsénico en otras personas exhumadas del mismo cementerio y de las que no había ninguna sospecha alguna.

   Los envenenamientos progresan con la Química, y la Toxicología, en esta época sólo forense y analítica, ha de hacer un esfuerzo extraordinario para resolver todos los problemas que la práctica judicial plantea día a día en este terreno cada vez más complejo.

   La Toxicología siempre irá detrás de los acontecimientos, y éstos se presentan cada vez más y más complejos: la tragedia de Minamata, donde muchas personas personas murieron intoxicadas por compuestos mercuriales al ingerir peces; la del Irak, por los mismos productos, al destinar al consumo semillas de trigo tratadas con fungicidas; la de Marruecos, al adulterar con aceite mineral aceites comestibles; la de Galicia, al adulterar con metanol el alcohol vínico; y muy reciente y trágica del síndrome de tóxico español, por adulteración de aceites comestibles con un producto aún hoy desconocido. Todo ello revela que el sino del toxicólogo es investigar por encima de todo y cada caso supone una investigación inédita, las recetas casi nunca son útiles, dado que los problemas raramente son idénticos.

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